jueves, 25 de abril de 2013

Como convertirnos en anormales sin notarlo

Hoy en el cine, antes de ver la película, he tenido que engullir forzosamente una batería de spots publicitarios que evidencian la crisis aguda por la que pasa el cine y sus salas.
A pesar de intentar evadirme de la publicidad me ha resultado imposible tras toparme con este anuncio. Primero verlo y luego hablamos:

Lo realmente grave de este anuncio es que la inmensa mayoría de los que lo habéis visto no habréis apreciado nada negativo, incluso, me atrevo a decir que veréis en el spot una oferta de ventajas innumerable. Pues bies, este es el macabro trabajo que hace la publicidad  y sus empresas con nuestra sociedad débil y maltrecha. En este caso tan llamativo, se nos muestra a un padre absolutamente anormal, un padre que no sabe nada de nada y encima sonríe feliz de su ignorancia y ante la incapacidad total de responder una sola pregunta a su hija. Pero más vale que tiene una dependencia obsesiva a un aparato que le chiva todo lo que él no sabe, entendemos que por lo menos leer sí que sabe, lo que desconocemos es su fluidez. De este modo, el anuncio en cuestión es claro en el mensaje y no lo esconde: "no importa que seas tan tonto de remate como para no contestar ni una pregunta a tu hija, con este nuevo móvil con un sistema para tontos podrás evadir tu ignorancia y navegar en ella feliz".
Parece que este será nuestro futuro y el de nuestros hijos, ser dependientes de una tecnología tan fugaz que hace imposible la retentiva y el desarrollo cultural. Esperemos que este padre imbécil no pierda nunca su móvil, de lo contrario verá cómo su ignorancia lo engulle como me ha engullido a mi esta publicidad.
Mientras que yo seguiré enriqueciéndome con la sabiduría que me han transmitido mis padres, abuelos y gente en general de forma oral aprehendida y memorizada, otros, lamentablemente, reducirán su libertad y capacidad de retentiva para darle autoridad a un aparato que, lejos de hacerte inteligente, te convierte en rematadamente imbécil. La elección es tuya.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Sociedad, a veces me encantaría orinarte en los ojos

Considero que un buen medidor evolutivo social es la capacidad que tiene la sociedad de acercarse más a lo que se considera un ser humano que a un animal con instintos hitlerianos.
Me entristece volver a ver que la sociedad española es absolutamente franquista, déspota, dictatorial y opresora cada vez que protesta. Las SS reviven en cada huelga en forma de piquete trayéndonos a la memoria tiempos que ni siquiera hemos vivido muchos de nosotros. Qué paradoja, aquellos que en enrabietada protesta quieren convencer bajo el miedo opresor que dejemos de trabajar por un día, se creen abanderados de la libertad y de los derechos cuando en realidad son terroristas, Kale Borroka en estado puro.
Lo triste del asunto en cuestión, es que estos grupos violentos que empañan el sentido de la huelga y de la democracia no son mas que almas empobrecidas que se han convertido en armas del sistema sin ni siquiera darse cuenta. Pero esto es parte de la función circense de este país apoyada por politicuchos que se enarbolan en días de huelga porque son los únicos días que se creen apoyados multitudinariamente a pesar de que en las urnas la sociedad nunca les haya dado voz.
Yo, que soy tremendamente amigo de la generalización ya que de otro modo sería muy complicado analizar cualquier comportamiento, veo normal que en la sociedad española, empujada por años de mamoneo de empresarios vean en él un opresor que pone la espada de Damocles sobre cada uno de sus trabajadores para ganar más por menos, pero me llama la atención que esta generalización la haga precisamente quienes siempre piden que se mire de manera individual a cada caso. A ellos, a los incoherentes violentos, les diré que esa visión de Antiguo Régimen sobre el empresario no hace más que aniquilar más la idea de democracia. Creo que no hace falta hacer hincapié en que este país, a pesar de estar basado en el funcionariado, puede prosperar gracias a las PYMES, y me imagino, tal vez sea muy osado por mi parte, que muchos de estos manifestantes enfrentados sistemáticamente al empresario jamás se han aventurado a montar una empresa, y digo que me imagino porque si en algún momento se lo hubieran planteado se darían cuenta que las trabas constantes que desde el gobierno se ponen al empresario mediante papeleos e impuestos abusivos no hacen fácil crear tu empresa, por no hablar del riesgo económico que supone montar un negocio, de todos modos, aunque no lo parezca, este sigue siendo un país con libre mercado, de manera que cualquiera puede acceder a montarse un negocio para probar el placer de oprimir a trabajadores y de paso sentir cómo unos piquetes con ojos inyectados en sangre intentan calmar su desdén oprimiéndote para que cierres tu negocio a la fuerza; y más vale que lo hagas, de lo contrario estos nazis destrozarán tus sueños, tu esfuerzo y trabajo.
Y mientras los manipulados piqueteros hacen su ruta destructiva, ninguno de los sindicalistas perderá su día de sueldo por haber hecho huelga, ¿o será que ellos, precisamente ellos, sí que trabajaron durante la huelga?
Si Adam Smith se diese un paseo por la caricatura social española no dudaría en tocar la lira a la vez que ve como se quema con fuego purificador azuzado por él mismo, mientras que yo no dudaría en forzar una micción ocular en una sociedad de borregos fascistas que luego piden que los políticos no lo sean.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Mejor a tu lado

Hay días que ante un hecho heroico parece que una mano te agarra el corazón y te lo aprieta tanto que notas como se te hincha el gaznate a la vez que los ojos comienzan a hacer aguas. Notar esta sensación imagino que debe estar muy cerca de sentir la felicidad. 
En esta sociedad en la que vivimos sumergidos en nuestras banales realidades, muchas veces pasamos por alto que todavía estamos capacitados para sentir cosas de verdad, para sentir con hechos reales y no montajes televisivos, cinematográficos o de cuentistas del tres al cuarto que no se creen ni sus propios cuentos. La mala costumbre que hemos adquirido en los últimos años de sentir de manera superficial nos lleva a un abismo sentimental con fenómenos fan de lo más absurdo, mientras que nuestros héroes se encuentran más cerca de lo que nos pensamos pero nuestra necedad los ignora deliberadamente perdiendo así la posibilidad de aprender y de sentir.
Cuando una persona alejada del celuloide y de las historietas prefabricadas y enormemente cercana a ti te demuestra que es capaz de enfrentarse a retos duros que ni siquiera tiene necesidad de enfrentarse, pero que por evolucionar prefiere dar pasos hacia delante por duros que resulten y además superar, dominar y someter esos retos es cuando aparece esa sensación con la que comencé este artículo. Una sensación que solo puedes advertir si eres capaz de pararte a sentir y fijarte que tus héroes no están ni en revistas ni en pantallas, están, a veces, junto a ti; y es en este momento en el que sientes estar más cerca de la felicidad, sientes que una fuerza interior te impulsa y te dice: si tienes cojones hazlo, el mayor fracaso es no intentarlo. 
Aprender y sentir de verdad es imprescindible para el ser humano pero siempre es mejor si el héroe está mejor a tu lado.

Gracias por hacerme sentir en una época en la que cada vez hay menos tiempo para ello, gracias por mostrarme el camino de la felicidad y gracias por darme una lección que por mucho tiempo que invierta en explicarla no se entiende si no se vive.

martes, 16 de octubre de 2012

Tócale las pelotas... morirás, naturalmente

Garras, colmillos, agilidad, fuerza, rapidez, veneno, agudeza visual o auditiva... estas son las armas con las que la naturaleza ha dotado a los diferentes seres vivos del planeta, a todos salvo al ser humano. Es curioso que el ser vivo que se ha impuesto hegemónicamente sobre el resto de seres vivos no posea ni una de las armas físicas que permiten sobrevivir al resto de criaturas.
La mente es nuestra única arma, un arma que es capaz realizar pensamientos abstractos como de otro planeta, y precisamente, los pensamientos intangibles consiguen dominar las fuerzas más terrenales y físicas y hacen que nos creamos dioses poderosos y odiemos nuestra propia naturaleza terrestre. De hecho nuestro odio patente al mundo en que vivimos se palpa en todas las acciones que realizamos. Desde que el capricho evolutivo nos arrebató el físico a cambio de cerebro no hemos parado de modificar nuestro entorno para alejarnos de nuestra realidad. Nuestros pies hace mucho que no pisan tierra, tanto que en vez de estar preparados para andar sobre diferentes terrenos solo sentimos cosquillas cuando nos los tocan. El asfalto, el calzado, la ropa, edificios y todo lo que compone nuestra sociedad no hace mas que seguir ablandando nuestro organismo ante la naturaleza de la que nacimos, nuestros pulmones cada vez aguantan menos el aire natural dando como resultado alérgicos a plantas o animales, somos los únicos seres obesos del planeta, algo que algunos tratan de achacar a enfermedades pero que siempre tiene como telón de fondo la opulencia alimenticia a la que estamos expuestos como consecuencia a la supresión de la caza como medio de sustento.
Mientras que la evolución nos brindó el privilegio de poseer el arma más poderosa y peligrosa a la vez a cambio de desprotegernos físicamente, nosotros solos nos las ingeniamos para desprotegernos aún más y convertirnos en unas criaturas sólo válidas para un mundo creado por nosotros mismos que ya apenas entiende su propio mundo natural. Pero la necedad más clara es, sin duda, que en nuestra intención de alejarnos de nuestro planeta estamos tocando las pelotas al mundo que nos parió y sus reacciones, a pesar de que sigamos creyéndonos dioses, no están en nuestras manos, por ello, entiendo que asumimos que el día que una gota fría o un tsunami, terremotos, huracanes, volcanes... nos visiten y sepulten nuestros micromundos de neón bajo la tierra, solo podremos resignarnos y recordar que las pocas armas naturales que poseíamos las atrofiamos hace siglos a cambio de máquinas y materiales que nos hicieron poderosos mientras la naturaleza estuvo en calma. En un periodo de naturaleza convulsa probablemente nos convirtamos en una parodia chabacana que se rendirá ante garras, colmillos, agilidad, fuerza, rapidez, veneno, agudeza visual o auditiva... ¿recuerdas?

sábado, 6 de octubre de 2012

Parásitos sociales y otras cacas

Hace un par de semanas detecté que en el gallinero algo no iba bien, los pollos más jóvenes e indefensos se apagaron poco a poco hasta morir. Un total de tres pollos han encontrado la muerte en el último mes. Este hecho que me mantenía desorientado encontró su explicación cuando mi agudeza visual consiguió enfocar a un bichito no mayor de un milímetro; aparentemente redondeado y rojo, rojo sangre. Las alarmas saltaron y busqué sin descanso qué tipo de organismo era ese que molestaba a mis gallinas e incluso podría ser la causa de la muerte de los pollos más débiles. Pronto adiviné que se trataba de un incómodo parásito, el Dermanyssus gallinae o ácaro rojo, es decir, un maldito parásito que por la noche sale de su guarida y chupa la sangre y por el día duerme como cualquier nini español.
Este animalito tiene la molesta capacidad de reproducirse con gran facilidad y crear enormes ejércitos de chupasangre que pueden provocar anemia en los animales y la muerte en los más débiles.
Claro, ante tal situación de crisis comencé un tratamiento de exterminio que durará unos 3 meses aproximadamente, pero también comencé a hacerme una pregunta: ¿para qué coño sirve un parásito? o lo que es lo mismo, en el ciclo de la vida ¿en qué son imprescindibles?, pues bien tras pensar durante pocos segundos pude asegurar que el parásito sólo sirve para hacernos más fuertes, son la esencia de la selección natural, quien sobrevive a los parásitos habrá dado un paso importante en la lucha por la supervivencia. Y una vez llegado a esta conclusión no pude hacer, como ya es habitual en mí, trasladar el reino animal al reino del humano. Nosotros, salvo algunos pijos infantiles o garrapatas accidentales tras un día en el campo, pocos son los parásitos que nos atacan, tal vez, el ser humano, al único parásito real al que se encuentra expuesto es de su propia raza; y resulta llamativo que el parásito humano actúa exáctamente igual que el maldito Dermanyssus gallinae, se reproduce con rapidez, su actividad es nocturna, por el día no da ni golpe y, por supuesto, chupa la sangre. Este ser despreciable al que intentamos exterminar, como buen parásito es resistente y capaz de generar resistencias a los ataques. Pero en realidad, mientras no nos infesten de manera descontrolada, resultan útiles para nuestra sociedad, ya que hacen a la sociedad más fuerte y sobreviven los más capacitados, un ejemplo claro es nuestra actual crisis, tal vez el resultado de una infestación parasitaria descontrolada a unto de acabar con nuestra vida, en estos momentos nos encontramos aplicando acaricidas múltiples para terminar con la plaga mediante ajustes y recortes, pero lógicamente, tras una epidemia tan severa algunas de las empresas más contagiadas no han podido sobrevivir y solo las más fuertes, aquellas que estaban más sanas y capacitadas para hacer frente al parásito han podido, no solo sobrevivir, sino salir reforzadas. Así que que este macabro ajuste de crisis no es sino un tránsito natural que sanea y fortalece la sociedad, eso sí, hay que exterminar la plaga si no queremos que se lleve por delante incluso a la sociedad más sana y esto se convierta en una auténtica caca.




No quería terminar esta opinión sin recordar al gallo que da nombre a este blog: Sabino. Este gallo de raza Euskal Oiloa murió el pasado miércoles tras un largo tiempo con problemas respiratorios. Uno de sus hijos cruzado con una ponedora será su sustituto, un animal de estructura grande y colores vivos que recuerda a su padre en tamaño y nombre: Sabino.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Soy un maldito salvaje

Salgo por la noche y solo observo. Es curioso que tras millones de años de evolución, en realidad no seamos tan diferentes al resto de animalitos que se pasean, riñen, se aparean, cagan y mean para terminar siempre muriendo. Para verificar esto no resulta necesario hacer complejos estudios antropológicos, solo con mirar a nuestro alrededor y ser capaces de autocriticar nuestras propias actitudes instintivas podemos advertir que nuestros comportamientos distan poco del resto de la fauna. Solo hay que perderse en la noche por ejemplo y abrir los ojos y la mente para entender que somos animales salvajes y que nuestros instintos, por mucha vergüenza que nos den, siguen más presentes de lo que creemos. Son muchas las especies de mamíferos en las que el macho se muestra altanero, fornido e incluso chulo, y es la hembra la que, en actitud pasiva, espera primero el cortejo y luego a estar receptiva para permitir el apareamiento, mmmm curioso... esto mismo lo observo en cada bar, sala de fiesta o plaza de pueblo a la que voy por la noche; las mujeres aparecen con menos ropa que tacones e interminables escotes acompañados de originales pinturas faciales que no hacen otra cosa que intentar mejorar la genética propia, el ADN que la naturaleza les ha otorgado. Y es que este hecho no resulta baladí, es de lo más importante, recordemos que en la naturaleza salvaje sólo perviven aquellos que presentan mejor genética, de modo que el intentar mejorar nuestra genética con pinturas, escotes y tacones no es otra cosa que apoyar la idea del instinto salvaje, en este caso, de reproducción; pero esto no acaba aquí, por un lado ya tenemos a la hembra genéticamente llamativa, ahora nos faltan los machos que se peleen por ella, pero no que se peleen con el puño en alto, eso ocurre relativamente poco en la naturaleza salvaje, las peleas más bien suelen ser visuales y amenazantes en las que cada macho recurre a lo mejor de su repertorio para intimidar al oponente. Y así es, el macho humano también se esfuerza por ser genéticamente perfecto, claro que la posición del macho es contraria a la de la hembra, ya que el macho conquista y ella es conquistada, por tanto él necesita de armas diferentes para conquistar, puede ir desde el cani más absoluto que nos muestra sin reparos sus oros y músculos junto a peinados acabados en punta, es decir, agresivos, hasta el ingenioso y graciosete que gracias a sus ingenios consigue la conquista de la hembra, en cualquier caso hablamos de combates, de competición, eso sí, tal y como ocurre en el resto de la fauna, es la hembra siempre la que decide quién, qué y cuánto. Así que mientras que en el gorila son sus sonidos al golpearse el pecho, en el león su melena o en el toro su cornamenta, en el humano son sus músculos, colonias y labia, y al igual que el gorila, el león y el toro, si la intimidación visual no funciona habrá que recurrir a la intimidación física con garras y dientes que dará como resultado a una de esas peleas que nos recuerdan lo animales que somos..
Tal vez en este punto podamos encontrar sentido a algunas de las actitudes más deplorables del ser humano y que en ellas encontramos el odio a nuestros instintos. Está claro que en la naturaleza no existe el amor, existe el sexo por instinto, y por esto, para que la especie perpetúe, es necesaria la fuerza bruta y equipar así a una parte de músculo y fuerza, para que, en último término, ésta pueda ser utilizada para someter, obligar y, finalmente, reproducirse. Y aquí, en esta actitud salvaje incontrolada e instintiva al cien por cien podríamos encontrar a todos los condenados por violación y los acosadores o simplemente los pesadetes de un bar, estas personas son el ejemplo vivo de que nuestros instintos continúan igual de salvajes que en el inicio de nuestra especie y que de no saberlos controlar se convierten en el arma que en realidad son.
Esta visión puede parecer superficial, pero la realidad es que nos creemos más complejos de lo que en realidad somos, y casi todas nuestras actitudes tienen un trasfondo instintivo y, por tanto, salvaje. En este caso he hablado del instinto de reproducción, pero si hablamos del de supervivencia tal vez seamos más malditos salvajes, pero de eso ya hablaré más adelante.

domingo, 9 de septiembre de 2012

El animal-humano

Parece el eterno debate, la eterna duda; ¿somos animales? y más aún ¿somos iguales que ellos?. Qué difícil resulta contestar a estas preguntas cuando sabemos con seguridad que los animales hablan como nosotros, bailan, cantan y se enamoran también como nosotros, ya nos lo mostró Disney a todos los niños del planeta de manera incesante y, ahora que somos adultos, nuestro cerebro se hace un nudo y nos bloqueamos al mirar cómo un oso copula con una osa y no saber discernir si aquello es amor o puro sexo instintivo más cercano a la violación.
Qué complejo resulta todo, cuántas dudas surgen y debates absurdos. La verdad es que la primera pregunta, la de si somo animales, de ello no queda duda, y no me refiero a esto de manera peyorativa sino de manera lógica; somos animales. Lo que está claro es que hay algo, algo raro y extraño que nos hace ligeramente diferentes al resto de animales que nos genera problemas a la hora de etiquetarnos.
De todos modos, creo que es obligatorio demostrar que sí somos animales y no seres de otro mundo venidos a este para sembrar todo de sabiduría. Para empezar creo que no queda duda en que si nos dañamos, herimos o pinchamos sangramos al igual que todos los animales excepto insectos, del mismo modo, nuestro cuero se compone de un puñado de huesos, tendones y músculos movidos por unos cuantos órganos más o menos desarrollados, por tanto creo que no cabe duda, somos de carne y hueso, una carne y un hueso bastante semejante al del resto de animalitos, así que podemos afirmar definitivamente que somos animales; ahora bien, todavía no conocemos si pertenecemos a animales domésticos o salvajes. En este punto es donde surge mi primer interrogante, ya que los animales domésticos no son más que animales manipulados por el hombre, es decir un animal manipula a otro y lo convierte en otro tipo de animal más cómodo para él. Por tanto, a pesar de encontrarnos en un sistema social en el que los poderes intentan incansablemente unificar, masificar, amansar y, en definitiva, domesticar a la población; y aunque no negaré que con muchos miles de individuos lo consiguen, sigo creyendo a cierraojos que todavía no hemos sido domesticados por nuestros semejantes, así que no nos queda otra que tildarnos como animales salvajes. No solo por no haber sido domesticados somos salvajes sino que actuamos como tales, seguimos matando para alimentarnos (cosa que ya no hace ningún animal doméstico, ni siquiera los carnívoros) y matamos más de lo que lo haría cualquier otro animal salvaje, de lo contrario nos sería imposible encontrar tanta variedad de carnes en nuestros centros de caza prefabricada con nombres de hipermercado. Así pues, ya podemos clasificarnos como animales salvajes, de modo que casi seguro que nos pareceremos más a un león que a una oveja o un perro, es decir, nos pareceremos más a animales con instintos muy marcados que animales que, a fuerza de la selección humana y no natural, han terminado por perder gran parte de sus instintos carentes de sentido. Nuestros animales domésticos no solo pierden instintos, sino que no adquieren otros, así que son animales mas tontos que el resto de animales, siendo inútiles para vivir en libertad. Curiosa paradoja, la misma naturaleza que creó a la oveja, ahora es su mayor enemigo, ya que en ella apenas duraría un par de días sin ser devorada, atrapada, magullada, ahogada o violada por un muflón.
Una vez demostrado que somos animales salvajes e instintivos, solo nos queda ir acercando límites para saber cuál es la diferencia entonces entre el animal y el animal-humano.