lunes, 26 de marzo de 2012

Vivir como gallinas

Sin duda ha comenzado una era próspera para el mundo avícola. A partir de ahora, las gallinas gozarán de más espacio para combatir su estrés con la entrada en vigor de la nueva ley de bienestar animal. Sin duda es una gran noticia, pero si rizamos el rizo la cosa es algo escandalosa. Sería idílico pensar que con el nivel de consumo que tenemos en occidente pudiesen vivir todas las ponedoras y pollos en verdes praderas de margaritas y olor a romero y lavanda, pero la realidad hace esto imposible. Y mientras, los humanos luchamos por conseguir vivir algo mejor que las gallinas, aunque en muchísimas ocasiones vivamos peor.
Resulta que comprar un pisito de unos 70 metros cuadrados en el centro de una ciudad es inalcanzable y en las afueras supera los 200.000 euros, es decir, una pareja normal que quiera perpetuar su especie con una criatura, tendrán que apañarse con algo más de 20 metros cuadrados por cabeza, claro que si la familia crece más, la situación se convierte en inviable con unos 17 metros cuadrados por alma sin descontar zonas comunes. Es decir, si comparamos nuestro tamaño y el de una gallina y los habitáculos en los que unos viven porque no queda más remedio y en el que viven otros porque la ley lo exige, tal vez nos daríamos cuenta que quedamos casi al mismo nivel. No se si podemos seguir pensando tanto en el bienestar animal cuando nosotros mismos aceptamos vivir en condiciones de semi-hacinamiento que no terminaremos de pagar en toda la vida. 
Espero que la próxima ley de bienestar mire también el nuestro y no sólo las gallinas vivan bien; volvemos a usar nuestra inteligencia para restarnos libertad. La paradoja del ser más inteligente.

viernes, 16 de marzo de 2012

De cine: ¿Intocable?

 

He de reconocer mi debilidad por el cine francés y su afán por aportarnos alegría y sueños. En esta ocasión un tetrapléjico y un joven de los suburbios de París nos muestran una historia divertida, creíble y cercana en la que demuestran que no es necesario escribir dramas para hacer llorar.  Una historia bien contada e impecablemente protagonizada por el dúo formado por FranÇoise Cluzet al que pudimos ver en "Pequeñas Mentiras sin Importancia" y Omar Sy, un joven que demuestra que la espontaneidad y las ganas de vivir lo son todo para llegar a la felicidad.
Me atrevería a afirmar que el mejor cine europeo, en estos momentos, encuentra hoy su máximo exponente en tierras francesas.
El único punto negativo de este film es su título que no hace justicia con esta obra de Eric Toledano y Oliver Nakache que os dibujará una sonrisa por mucho que no queráis sonreír.
Considero que las notas que voy poniendo a las películas son de cierta objetividad hasta la nota de 8, pero asumo que en notas superiores la subjetividad roba protagonismo a la objetividad; a este film le daré un 9.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Preferir morir mañana que vivir eternamente

No hace mucho leí en un artículo que os dejo abajo, que a los 13 o 14 años dejamos de soñar y nos convertimos en autómatas, nuestros proyectos se desvanecen y con ellos nuestras ganas de movernos. Resulta llamativo ver cómo a nuestro alrededor hay cientos de personas que ven los días como otro más, que parece que les pesa la vida, personas a las que su peor castigo sería desearles la vida eterna. En muchas ocasiones, aunque nos creamos libres, resulta que finalmente, a partir de los 13 años no hacemos otra cosa que asumir la vida y no vivirla bajo nuestra condición de libertad; mientras que cualquier animal lucha por su vida, nosotros la despreciamos cada día, tal vez pensemos que tendremos otra oportunidad, pero eso no es del todo seguro... creo que debemos intentar escapar de la pereza y luchar por los sueños, porque nunca creí ni creo que ser un soñador fuese malo, hay quien piensa que en el conformismo está la felicidad, pero quienes piensan así olvidan que la felicidad se encuentra en la ilusión y la ilusión está en la persecución de proyectos: de sueños. Un perro suele mostrar más alegría cuando pide la comida que cuando la come, de modo que su felicidad está en saber que conseguirá la comida pero no en comerla.
Si no perseguimos sueños y sólo esperamos a que pase la vida, seguramente pasará tanto para el soñador como para el que no lo es, pero será tediosa, aburrida y desearemos antes morir mañana que vivir eternamente.


http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120305/54263651925/angel-escribano-respondemos-a-lo-que-va-surgiendo-como-los-perros.html

lunes, 12 de marzo de 2012

De cine: La vuelta al cine mudo

 
The Artist nos vuelve a recordar que nos encontramos en un momento vintage en el que la moda es volver a modas anteriores, pero si esto parece fácil, desde luego que no lo es. En esta película no sólo encontramos cine mudo, sino un cine mudo de 1927. No obstante, esta película francesa que nos transporta al Hollywood más americano, nos muestra una nueva lección de cine, en la que nos explica cómo de traumático fue el cambio del mudo al sonoro para muchos de los actores de aquella época, y deja ver una evolución en la propia película del cine mudo más clásico al cine que recibe el sonido como una nueva fórmula de atracción.
En estos tiempos sonoros en los que hasta la respiración más leve tiene hueco en la storyline de un film, The Artist llega a provocar en sus inicios pequeños picos de ansiedad cuando encuentras que el sonido es realmente inexistente.
La interpretación del oscarizado Jean Dujardin sin dud, impecable, resulta llamativo que con tan sólo media docena de carteles escritos se pueda contar una historia completa y con todo detalle.
Un 8 para The Artist.

martes, 6 de marzo de 2012

Creer o no creer

No hace muchos días me encontré envuelto en una conversación sobre la existencia de Dios; sin duda puede que sea uno de los temas que más aparecen en las conversaciones, y es que no resulta extraño que la duda nos atormente, ya que es la única faceta de la vida en la que no hemos conseguido imponer nuestro poder: la muerte; y para algunos la existencia de un Dios puede darnos la clave para entender por qué nunca podremos evitarla. Lo que resulta claro es que la creencia en Dios, sea real su existencia o no, ha hecho y sigue haciendo esta vida más fácil para muchos. Es curioso pasear la mirada por el mundo y encontrar culturas y tribus inconexas entre sí de naturalezas inverosímiles y que, sin embargo, tienen algo en común: la creencia en dioses. 
Puede que nuestra evolución y búsqueda de la libertad nos haya dejado realmente indefensos y solitarios ante una realidad agreste, espinosa y tremendamente violenta, y por ello busquemos en un dios nuestro cobijo, las faldas de una madre que nos protegen como protegen al ciervo sus instintos.
La fragilidad de la mente humana ante el abismo de lo desconocido, del más allá, responde privándose de la misma libertad que el ciervo con sus instintos al generar mundos imaginarios con el único soporte de la fe. No digo con ello que el ateo sea más libre, ya que en su toma de decisiones influirán otros factores de diferente índole que le cohibirán igual o más que al creyente sometido al pensamiento de Dios. En lo que no encuentro respuesta de verdad es en qué resulta más humano: creer o no creer. La creencia en dioses está claro que resulta privativo del ser humano, pero también lo es cuestionarlo, sin embargo la no creencia y creencia sin cuestión resultan de lo más instintivo y poco evolucionado, por seguir con el símil, nos sitúa al mismo nivel del ciervo que jamás se cuestionará sus instintos.
Lo cierto es que cuando la vida se oscurece y se nos acerca el final los conceptos cambian forzosamente, incluso como para ver ateos santiguándose.

viernes, 2 de marzo de 2012

De cine: El tributo al cine de Hugo


En un París cálido aunque nevado de los años 30, Martin Scorsese nos muestra una historia para todos los públicos que bien podría encajar en fechas navideñas: "La Invención de Hugo". 
Hugo, un niño huérfano de padres relojeros y destinado a vivir con su tío borracho manteniendo los relojes de la estación de tren de parís, termina por protagonizar una historia de casualidades a través de un autómata repleto de engranajes que rinde un tributo a la historia del cine con Georges Meliès como hilo conductor. 
Una historia de la que, a pesar de esperar más de ella, entretiene de forma casi infantil y da una lección de historia del cine rápida y concisa.
Un 7 para Hugo y su tributo al cine.

miércoles, 29 de febrero de 2012

El huerto urbano; un escaparate tentador

Desde hace algún tiempo, desde la aparición de la crisis, se ha ido poniendo de moda una tendencia urbano-agrícola que no deja de ser un grito desesperado a la libertad del ámbito rural. Las tomateras en tiestos o los nuevos huertos urbanos que venden en el Leroy resultan tan llamativos y desoladores como ver un roble centenario en una maceta grande dentro de un invernadero. Pero no os equivoquéis, este artículo no es un canto a la libertad de las plantas, mi grado de enloquecimiento no ha llegado a estadios tan elevados; sino que es la respuesta a esa moda entre moderna y vintage que llama pueblerino al que siembra en sus huertos de pueblo pero que si el escenario cambia por un cajón de madera en la terraza del número 12 de un bloque de pisos, entonces, la actividad es de lo más snob. 
Es cierto que no todo el mundo puede mudarse a un pueblo o ¿si?; desde hace algún tiempo por lo que cuesta un metro cuadrado en una ciudad puedes adquirir todo un solar en un pueblo cercano a una urbe, pero lo que ocurre en realidad es que eso del huerto está muy bien para un rato, para tenerlo en el balcón y decir que lo tienes; es de lo más progre. Igual ocurre con las gallinas, cada vez más de moda en las urbes, y es que lo partes con tus colegas si les comentas que en casa tienes un par de gallinas que te dan huevos a través de una jaula tan minúscula como la tu piso y te abonan tu cajón de lechugas de la terraza, claro que unas gallinas hacen caca y eso no nos gusta tanto, porque en realidad lo que nos gusta del huerto urbano y de las gallinas urbanas no es otra cosa que la estética que proyecta sobre nosotros a la sociedad, ya que si quisiéramos de verdad ser auténticos nos trasladaríamos a un pueblo y nos dejaríamos de escaparates fashion que sólo intentan otorgar identidad a otra tribu urbana de pseudo ecologistas.
Creo que si traslado mi hogar a una ciudad pediré una plaza de garaje grande para que me quepa el tractor, eso sí que tiene que hacer alucinar a quien me vea ir al super a comprar un par de tomates.